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Pregunta: ¿Cómo podemos mantener nuestra propia integridad o identidad en una relación, especialmente una cercana, sin comprometer la integridad de los otros?

Ram Dass: ¿Cuál tú es el que quieres preservar? Permíteme jugar un poco con esto. Cuando observo las relaciones, las mías y las de los demás, veo una amplia variedad de razones para que las personas estén juntas y una amplia variedad de maneras en que están juntas. Veo ciertas maneras en que la relación —algo que existe entre dos o más personas— refuerza, mayormente, la separación entre ellas como entidades individuales. Y esto no solo la honra; la tratan como una realidad.

La imagen que siempre tengo cuando realizo una ceremonia matrimonial es la de un triángulo en el que hay dos compañeros y una tercera fuerza que emerge de la interacción entre ellos dos. La tercera fuerza es la consciencia que se encuentra detrás de ellos dos. Y las dos personas en el yoga de la relación se unen para encontrar esa consciencia compartida que existe detrás de ellos y así bailar de a dos. Entonces esa dualidad los convierte en uno y la unidad baila de a dos; y es un tipo de relación vibrante entre la unidad y los dos. Entonces las personas están separadas y aún así no lo están. Y están experimentando que la relación está alimentando tanto su singularidad como individuos, como su unidad de consciencia.

Ahora, esto es extremadamente delicado porque es tan fácil atrincherarse en tus propios “necesito esto”, “quiero esto”, “no me estás complaciendo” y así ver al otro como objeto. Pero la delicia, que todos ustedes han experimentado, es la de estar con alguien con quien comparten la consciencia del dilema en el que ambos están. Y están compartiendo una consciencia de ese dilema incluso cuando discuten – existe una consciencia de que ambos están casi deleitándose con la terrible belleza de esto. Estamos odiándolo y disfrutándolo a la vez; porque existen estos niveles en los que estamos jugando todo el tiempo. A menudo entramos en una relación bastante identificados con nuestras necesidades. Necesito esto, necesito seguridad, necesito refugio, necesito amistad, lo necesito. Y en este sentido, todas las relaciones son simbióticas. Nos unimos porque en cierto nivel satisfacemos mutuamente nuestras necesidades.

El problema es que cuando te identificas con esas necesidades siempre te quedas en el nivel donde la otra persona es ella o él; esto es satisfacer esa necesidad. Solo se vuelve extraordinariamente hermoso cuando se convierte en nosotros, y luego cuando va más allá y se convierte en yo. Entonces cuando pregunto a qué persona estás salvando o protegiendo, o de quién es la integridad que estás protegiendo, entiendo que entrar en el yoga de la relación es algo extremadamente difícil de hacer. En realidad, es el yoga más difícil que conozco. Porque tu ego es muy vulnerable cuando empiezas a abrirte a otro ser humano. Te sientes tan delicado y tan vulnerable y, antes de que ese lugar único siga fortaleciéndose lo suficiente, te asustas y te retraes y te cierras. Y esto sucede todo el tiempo en las relaciones; personas que se unen con el inmenso propósito de sentir amor y luego quedan atrapados en sus necesidades y sus frustraciones y se separan.

Uno de los problemas es que a veces tendemos a poner las relaciones en segundo plano en la vida. Tenemos una relación y luego salimos a trabajar y a hacer otras cosas. Una vez que tenemos esto juntos, salimos a la vida y para que una relación sea el yoga de la relación, se requiere dedicación a tiempo completo durante años. Para mi, uno de los ejemplos es el de Stephen y Ondrea Levine. Stephen y Ondrea solían ser gente realmente agradable, amigable y sociable; antes de conocerse. Y luego se conocieron —solía agradarme Stephen— se conocieron y empezaron a estar realmente juntos y la cantidad de energía que debían dedicar a mantenerse claros uno con el otro era intensa. Porque lo que sucede en las relaciones es tanto y tan rápido, que es realmente difícil de procesar tan rápido como para mantenerse claro. Entonces sigues recibiendo este tipo de remanente de cosas viejas que aún no ha sido digerido lo suficiente y terminas separado de la persona porque no tuvieron tiempo de detenerse, trabajar en eso, aclararlo y así sucesivamente. Entonces lo que hicieron fue mudarse lejos sin teléfono. Colocaron un letrero de: “Prohibido pasar” y empezaron a trabajar uno con el otro. Y luego de varios años, durante los cuales sentías que te habían dejado a un lado como amigo —y fue muy duro para mí— porque contaba con Stephen para compartir consciencia. Y entonces luego de un tiempo, ellos empezaron a abrirse conmigo y a permitirme entrar y entonces empecé a ver el efecto. Empecé a ver lo que sucede cuando la gente aprende cómo abrirse realmente, confiar, meditar juntos, continuar vaciándose, continuar aclarándose y trabajar hasta ser una consciencia compartida. Si los observas cuando están enseñando juntos, cuando están en la plataforma o cuando están juntos han hecho un trabajo realmente extraordinario. Aún tienen mucho trabajo por hacer. Me refiero a que aún les falta cocción, pero han hecho algo realmente bueno juntos y eso es difícil e inusual.

Yo, por el contrario, he estado en relaciones y me he dado cuenta de que no puedo escuchar mi propia verdad en la relación y la he tenido que terminar porque no estaba dispuesto a ceder los juegos de la vida por los que estaba en esa relación. Simplemente no valía la pena el esfuerzo. Atesoraba demasiado lo que estaba haciendo en mi vida como para invertir en esa relación tan profundamente. Por lo tanto lo he visto desde ambas perspectivas. ¿Comprenden? No es justo decir que la relación que no esté involucrada en el yoga de la relación no es útil o no complace a las personas. Muchas personas se unen porque es realmente agradable vivir con otra persona, porque existe un maravilloso tipo de dulce intimidad, porque es divertido cocinar juntos y dormir juntos y porque es divertido simplemente vivir la vida juntos sin necesidad de profundizarlo como práctica espiritual. Y muchas de estas personas tienen otras prácticas espirituales. Se desconectan, meditan y el otro hace otra cosa, Tai Chi o algo más, y eso me parece bien. No creo que debas pretender que una relación es realmente yoga a menos que de verdad estés dispuesto a poner tu esfuerzo para que lo sea. Y si lo estás, realmente llena todo el espacio durante largo tiempo.

Cuando yo estoy en una relación con alguien y lo que hace me molesta —porque entiendo que mis experiencias de vida son un regalo de mi Gurú para acercarme a Dios— si alguien me molesta, es mi problema. Esto es difícil. Porque no solemos pensar así en esta cultura. La forma en que veo a las personas es como árboles en el bosque. En el bosque ves árboles nudosos, robles, pinos, olmos y todo ese tipo de cosas y no sientes ganas de decir “no me gustas porque eres un pino y no un olmo”. Aprecias a los árboles tal como son, pero apenas estás cerca de un humano, te das cuenta de lo rápido que esto cambia. Es una forma que tienes de no permitirle a los humanos manifestarse tal como son. Lo tomas personal. Continúas tomando a los otros de forma personal. Son mecanismos de escape de viejos Karma, eso es todo lo que son. Realmente, eso es lo que son. Parecen reales y creen que lo son, pero en realidad son mecanismos de escape. Entonces dice: ¡Grrrr! Y kármicamente tu contestas: ¡Grrrr! Y luego uno dice: “Tenemos que resolver esto” Y el otro contesta: “Sí, debemos hacerlo” Y luego empiezan a resolverlo. Es todo mecánico. Es todo cosa de la condición.

Entonces alguien aparece y llega a mí. Me hacen enojar o irritar o despiertan algún deseo en mí, ¡qué encantado estoy! Me atraparon. Y ese es mi trabajo en mí mismo. Si me enojo contigo porque tu comportamiento no encaja en mi modelo de cómo deberías ser, ese es mi problema por tener modelos. Sin expectativas, no hay descontentos. Si eres un mentiroso y un tramposo, ese es tu Karma. Si me engañan, ese es mi trabajo en mí mismo.

Mis intentos de cambiarte, eso es otra historia. Lo que digo es que si voy a ser feliz si tú eres diferente a lo que eres, estás pidiendo problemas. Realmente estás pidiendo problemas. Piensa en cuántas relaciones dices: “No me gusta esto o aquello de esa persona; si tan solo fuera de esta manera; si pudiera manipularlo para que fuera así, puedo ser feliz”. ¿No es raro? ¿Por qué no puedo ser feliz contigo como eres? Eres un mentiroso, un traidor y un sinvergüenza y te amo. No voy a jugar a ningún juego contigo, pero te amo. Es interesante moverse al nivel en el que puedes apreciar, amar y permitir de la misma manera que lo haces con el bosque en vez de traer constantemente ese componente de juicio que, en realidad, está arraigado en tus sentimientos de falta de poder. Los juicios provienen de tu propio miedo. Hoy en día caigo en la trampa todo el tiempo. Pero cada vez que lo hago, me atrapo a mí mismo.

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