Morir es absolutamente seguro – Conciencia más allá de la muerte

Ram Dass escribe acerca de cómo ha cambiado su actitud hacia la muerte con su crecimiento espiritual; y dice saber, de buena fuente, que morir es absolutamente seguro.

 

Actitudes hacia la muerte

Hay una lápida en Ashby, Massachusetts, que se lee: "Recuerda, amigo/a, mientras pasas por aquí, como estás ahora, así estuve yo antes. Y como estoy yo ahora, así has de estar. Prepárate para seguirme".

Algo me ha sucedido, como resultado de divagar a lo largo de muchos ámbitos de conciencia en los pasados cincuenta años, que ha cambiado mi actitud hacia la muerte. Mucho del miedo acerca de la muerte se ha ido de mí. Soy alguien quien, de hecho, se deleita en estar con personas mientras éstas mueren. Es una increíble bendición para mí. En la mañana, si sé que voy a estar con una persona tal, me siento absolutamente emocionado porque sé que voy a tener una oportunidad de estar en la presencia de la Verdad.

Ahora se está haciendo aceptable en nuestra cultura que las personas mueran. Por muchas décadas, la muerte estuvo guardada a puerta cerrada. Pero ahora le estamos permitiendo salir al exterior. Habiendo crecido en esta cultura, los primeros pocos meses que pasé en India, en los 1960s, fueron toda una experiencia. Allá, cuando alguien muere, el cuerpo es colocado en una plataforma, envuelto en una sábana y llevado por las calles hacia los campos de cremación mientras se canta un mantra. La muerte está abierta para que cualquiera la vea. El cuerpo está ahí. No está dentro de una caja. No está escondido. Y, dado que la India tiene una cultura de familias extendidas, la mayoría de las personas mueren en casa. Así que la mayoría de las personas, a medida que crecen, han estado en presencia de alguien que muere. Ellos no se han alejado de la muerte, para esconderse, como lo hemos hecho en occidente.

Ciertamente fui una de las personas en esta cultura, quien huía de la muerte. Pero a lo largo de las décadas pasadas he cambiado dramáticamente. El cambio inicial vino como resultado de mis experiencias con químicos psicodélicos. Entré en contacto con una parte de mi ser con la que no me había identificado en mi vida adulta. Yo era un psicólogo occidental, profesor en Harvard y un materialista filosófico. Lo que experimenté a través de los psicodélicos fue extremadamente confuso, porque no había nada en mi antecedente que me preparara para lidiar con otro componente de mi ser. Una vez que comencé a experimentarme como un "Ser de conciencia" -en vez de como psicólogo, o como un conglomerado de roles sociales- la experiencia cambió profundamente la naturaleza de mi vida. Cambió quién creía que era.

Antes de mi primera experiencia con psicodélicos, me había identificado con eso que muere -el ego. El ego es quién pienso que soy. Ahora, me identifico mucho más con quien realmente soy -el Alma. En tanto tú te identifiques con eso que muere, siempre hay temor de la muerte. Lo que nuestro ego teme es el cese de su propia existencia. Aunque yo no sabía qué forma tomaría después de la muerte, comprendí que la esencia de mi Ser -y la esencia de mi conciencia- está más allá de la muerte.

Lo interesante para mí en aquel tiempo fue que mi primera experiencia con psicodélicos fue absolutamente indescriptible. No tenía conceptos para aplicar a lo que estaba encontrando en mi propio ser. Aldous Huxley me dio una copia de El libro tibetano de los muertos. A medida que lo leí, me asombró encontrarme leyendo descripciones lúcidas y claramente articuladas de las experiencias que yo estaba teniendo con los psicodélicos. Fue inmensamente confuso para mí porque El libro tibetano de los muertos tiene 2500 años de antigüedad -todo lo que yo recién había aprendido.

El libro tibetano de los muertos era usado por los lamas del budismo tibetano, para leerlo a los compañeros lamas mientras ellos estaban muriendo, y durante cuarenta y nueve días después de su muerte. Tim Leary, Ralph Metzner y yo comenzamos a ver el libro, en términos metafóricos, como la historia de la muerte y el renacimiento psicológicos, aunque la intención original era como una guía a través del proceso de la muerte y el renacimiento físicos. Ahora pienso que la idea de morir y nacer en la verdad, o en la sabiduría, o en el espíritu, es el verdadero asunto importante cuando hablamos acerca de la muerte. Cuando te liberas a ti mismo de la sólida identificación con tu cuerpo, comienzas a tener el espacio para permitir la posibilidad de que la muerte es una parte del proceso de la vida -en vez del final de la vida. Yo siento esto de manera muy profunda.

 

Morir es absolutamente seguro

Las personas preguntan: “¿crees que hay continuidad después de la muerte?”. Y yo digo: “Yo no lo creo. Solamente es”. Eso ofende a mis amigos científicos, infinitamente. Pero la creencia es algo a lo que te aferras con tu intelecto. Mi fe en la continuidad de la vida ha ido mucho más allá del intelecto. La creencia es un problema porque está enraizada en la mente y, en el proceso de la muerte, la mente se desmorona. La fe y la conciencia existen más allá de la mente pensante.

Tengo un amigo llamado Emanuel. Algunos de ustedes le han conocido a través de sus libros. Él es un espectro, un ser de Luz que ha botado su cuerpo. Emanuel comparte muchísima sabiduría grandiosa. Él es como un tío para mí. Una vez le dije: “Emanuel, a menudo lidio con el miedo a la muerte en esta cultura. ¿Qué debo decirles a las personas acerca de morir?”. Y Emanuel dijo: “Diles que es absolutamente SEGURO”. Él dijo: “es como quitarte un zapato apretado”.

En el pasado, lo que me esforzaba por hacer, en alianza con Stephen y Ondrea Levine, Dale Borglum y Bodhi Be (mis amigos sufíes), era crear espacio amplio alrededor de la muerte. Teníamos diferentes programas, como: El teléfono rojo de la muerte, al cual las personas podían llamar y tener una especie de ‘conversación de almohada’ con personas quienes les ayudarían a permanecer conscientes a través del proceso de morir. También -allá a inicios de los ochenta- tuvimos un Centro para morir en Nuevo México. Mi modelo era: yo sabía que el estar con personas que estaban muriendo me ayudaría a lidiar con mi propio temor a la muerte en esta vida.

En las tradiciones del budismo theravada, ellos envían monjes a pasar la noche en el cementerio, donde los cuerpos son lanzados descubiertos para que los pájaros los coman. Así que los monjes se sientan con los cuerpos, hinchados e infestados de moscas, y los esqueletos, y tienen una oportunidad de estar plenamente conscientes de todo el proceso de la naturaleza. Ellos tienen una oportunidad de ver su propio disgusto, aborrecimiento y temor. Ellos tienen una oportunidad de ver la horrible Verdad de lo que significa “como estoy yo ahora, así has de estar”. Ver la forma en que se descompone el cuerpo, y meditar acerca de la descomposición, te abre a la conciencia de que hay un lugar en ti que nada tiene que ver con el cuerpo -o la descomposición.

Esa combinación me llevó, allá en 1963, a comenzar a trabajar con personas moribundas y estar disponible para ellas. No soy un médico. No soy enfermero. No soy abogado. No soy un sacerdote ordenado. Pero lo que puedo ofrecer a otro ser humano es la presencia de un entorno espacioso sagrado. Y puedo ofrecerles amor. En esa amplitud de espacio amoroso, tienen la oportunidad de morir como necesitan morir. Yo no tengo derecho moral de definir cómo otra persona debe morir. Cada individuo tiene su propio karma -sus propias cosas qué trabajar. No es mi trabajo decir: “debes morir bellamente” o “debes morir de esta manera o la otra”. No tengo idea de cómo otra persona debe morir.

Cuando mi madre biológica estaba muriendo, en un hospital en Boston, allá en 1966, veía a todas las personas venir a su habitación. Todos los doctores y parientes dirían: “te ves mejor, estás bien”. Y luego saldrían de la habitación y dirían: “no pasará de esta semana”. Pensaba cuán bizarro era que un ser humano pudiera estar atravesando una de las transiciones más profundas en su vida mientras todas las personas que conoce, ama y en quienes confía le estuvieran mintiendo.

¿Pueden oír el dolor de eso? Nadie podía ser claro con mi madre porque todos estaban demasiado asustados. Incluso el rabino. Todos. Ella y yo hablamos al respecto y ella dijo: “¿qué piensas que es la muerte?” y yo dije: “no lo sé, madre. Pero te veo a ti y eres mi amiga, y se ve como si estás en un edificio que se está quemando, pero aún estás aquí. Sospecho que cuando el edificio se queme completamente, se habrá ido, pero tú aún estarás aquí”. Así que mi madre y yo simplemente nos encontramos en ese lugar.

 

Conciencia más allá de la muerte

Con Phyllis, mi madrastra, fui más abierto y ella pudo preguntar cualquier cosa que quiso. Yo no le dije: “ahora, déjame instruirte acerca de la muerte”, porque ella no habría aceptado eso. Pero luego llegó el momento en que ella se dio por vencida y se rindió, y fue como ver un huevo quebrarse y ver emerger un ser radiantemente hermoso, y ella estaba clara, presente y gozosa. Era una eseidad que ella, hasta cierto punto, siempre había sabido que era. Pero ella había estado demasiado ocupada toda su vida adulta como para reconocerlo. Ahora, ella se abrió a este hermoso Ser, en el corazón de quien ella era, y ella simplemente disfrutaba en su resplandor.

En aquel momento, ella se fue a otro plano de conciencia, donde ella y yo estábamos completamente juntos, sólo Siendo. El proceso completo de morir fue sólo momentos de fenómenos que estaban ocurriendo. Pero cuando ella se rindió, ella ya no estaba ocupada muriendo, ella sólo estaba siendo… y el morir estaba sucediendo.

Justo en el último momento, ella dijo: “Richard, siéntame”. Así que la senté y puse sus piernas sobre el borde de la cama. Su cuerpo estaba cayendo hacia el frente, así que puse mi mano sobre su pecho y su cuerpo cayó hacia atrás. Así que puse mi otra mano en su espalda. Su cabeza estaba cayendo, así que puse mi cabeza contra la suya. Sólo estábamos sentados ahí, juntos. Ella dio tres respiraciones, tres respiraciones realmente profundas, y partió. Ahora, si lees El libro tibetano de los muertos, verás que la forma en que los lamas conscientes dejan su cuerpo es sentarse, dar tres respiraciones profundas y luego partir.

Entonces, ¿quién era mi madrastra? ¿Cómo sabía ella hacer eso?

Ramana Maharshi fue un gran santo indio. Cuando él estaba muriendo de cáncer, sus devotos dijeron: “tratémosle”. Y Ramana Maharshi dijo: “no, es tiempo de botar este cuerpo”. Sus devotos comenzaron a llorar. Ellos le rogaban: “Bhagwan, no nos dejes, no nos dejes”. Él les vio en su confusión y dijo: “no sean tontos. ¿A dónde podría yo ir?”. Saben, es casi como si él estuviera diciendo: “no hagan tanto alboroto. Sólo estoy vendiendo mi antiguo auto familiar”.

Estos cuerpos en los que vivimos -y el ego que se identifica con ellos- son sólo como el viejo auto familiar. Ellos son entidades funcionales en las que nuestra Alma viaja a través de nuestra encarnación. Pero cuando ya han sido usados, mueren. Lo más grácil que se puede hacer es sólo permitirles morir pacífica y naturalmente -”dejar ir de forma ligera”. Pese a todo, quienes somos es Alma… y cuando el cuerpo y el ego se han ido, el Alma vivirá, porque el Alma es eterna. Eventualmente, en alguna encarnación, cuando hemos terminado nuestro trabajo, nuestra Alma puede fusionarse de vuelta con la Unidad… con Dios… con el infinito. Mientras tanto, nuestra Alma está usando cuerpos, egos y personalidades para trabajar el karma de cada encarnación.

- Ram Dass

 

 

Translation by M. Elizabeth Paz

Lanzamiento de nuevo libro - Milagro de Amor: Historias Sobre Neem Karoli Baba

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