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Observa a tu mente juzgar. El juzgar surge, en parte, de tu propio miedo. Juzgas a los otros porque no estás cómodo en tu propio ser. Al juzgar, descubres dónde estás en relación a los demás. La mente juzgadora busca dividir. Separa. La separación cierra tu corazón. Si cierras tu corazón a alguien estás perpetuando tu sufrimiento y el de ellos. Dejar de juzgar significa aprender a apreciar tu dilema y el del otro con un corazón abierto en lugar de juzgar. Entonces puedes permitir a ti y a los otros simplemente ser, sin separación.

La única alternativa disponible es el ser y ésta incluye tanto los puntos altos como los bajos. Cada vez que apartas algo se mantiene ahí. El montón debajo de la alfombra se hace enorme. Tus puntos bajos resultan ser más interesantes que tus puntos altos porque te muestran en dónde no estás, en dónde aún tienes trabajo por hacer.
Simplemente dices, “Gracias por enseñarme.” No necesitas juzgar a otro ser. Lo único que debes hacer es trabajar en ti mismo.
Cuando alguien te provoca enojo, la única razón por la cual te enojas es porque te aferras a cómo crees que algo debe ser. Estás negando cómo realmente es. Entonces ves que son las expectativas de tu propia mente las que están creando tu propio infierno. Cuando te frustres porque algo no es de la manera que pensabas que sería, examina lo que pensaste, no solo aquello que te frustra. Verás que gran parte de tu sufrimiento emocional es creado por tus modelos de cómo crees que el universo debería ser y por tu incapacidad de permitirle ser como es.

– Ram Dass

 

Photo by Michael Coghlin via Flickr. Used under the creative commons license.

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